Desde el principio, desde hace ya casi dos años, una historia comenzó. Cualquiera puede coger y ponerse a escribir el principio de una historia, cualquiera. Es fácil, tiene unos ingredientes simples y después tan sólo sigues el curso del destino. Los principios son concretos en su mayoría, fijos, claros. Pero otra cosa es el final. El final es la parte más complicada de una historia, porque siempre quieres dejar contento a todo el mundo que sigue dicha historia. Hay que atar cabos sueltos, hay que seguir el desarrollo de los hechos y sorprender, o hacer algo que sea coherente. O sorprender. Es complicado pensar en un final.
Yo conozco el principio de nuestra historia, sé cada momento que nos ha llevado a donde estamos ahora mismo. Tengo en mi cabeza y en mi corazón cada recuerdo, cada beso y cada paseo de la mano. Cada palabra, cada alegría y cada herida. Porque las historias no están exentas de los problemas y de las lágrimas. Todo es un cóctel perfecto que crea unos lazos a veces indestructibles. Requiere mucho tiempo crear una historia para siempre, si es que existen. Pero ya conocemos el dicho de "nunca digas nunca". Todo el mundo dice que nada dura para siempre. Siempre hay excepciones. ¿Por qué no ser la excepción a esa regla? ¿Y si hacemos una historia con propósitos de ser infinita? No es imposible. No es fácil, pero ahí está. El mundo, la vida, la realidad nos la ofrece como alternativa, como posibilidad. Sólo unos pocos luchadores son capaces de atraparla en sus manos y convertirla en su estilo de vida. Confieso que me gustaría ser uno de esos luchadores, un gladiador contra el destino y todo lo que se ponga por delante, poder ser capaz de decidir por mí mismo y hacer que sí exista para los dos un para siempre. Soy un soñador, lo sé. Pero aprendí que siempre hay posibilidades para todo y que no debo rendirme.
No.
Nunca.
Nadie puede rendirse. Nuestra historia ha seguido su curso aunque creyéramos que no. Aunque un día hace meses dijéramos "nuestra historia ya se acabó". Recuerda que sólo somos los protagonistas, no nos sabemos la historia al completo. No conocemos algunos detalles, tan sólo vivimos en nuestra burbuja. Nos creemos algo y de repente el guión nos sorprende con una de esas casualidades de películas. Con un reencuentro después de tiempo sin hablarnos, con una mota de valor en mi corazón para lanzarme a hablarte, con la determinación de saber si aún tu corazón albergaba algún sentimiento por el mío. La historia no había acabado, todo eso formaba parte de ella. Nosotros no vamos a darnos cuenta fácilmente de cuando una historia termine, como dije antes, es bastante complicado eso del final.
Pero ahí seguimos, la historia sigue su curso. Cambiamos y vivimos de todo, es completa. Y preciosa. Porque es una historia de amor. Una de esas historias que enseñan a soñar, que te hacen delirar con el amor verdadero, con un príncipe azul. Con esa persona que pase lo que pase, siempre vuelve a ti. Con esa persona a la que vuelves aunque hayas cometido el peor de los pecados. Porque ambos corazones se lloran, se llaman desesperados por la cercanía y el calor, por los latidos desbocados y sincronizados de ambos.
Aún tenemos que seguir protagonizando esta historia, aún tenemos que seguir escribiendo en nuestras vidas los problemas que tenemos, los fallos que cometemos y las sonrisas que nos robamos. Aún tenemos que seguir creando besos furtivos, palabras que quieren morir en la boca del otro. Nuestros corazones aún quieren seguir latiendo juntos. Dejémonos llevar, dejemos que la historia nos guíe. Investiguemos alternativas, luchemos por cosas imposibles. Hagamos realidad sueños, alcancemos la felicidad que tanto perseguimos. Ya la tenemos, pero queremos más. Poco conformistas.
Seguiré siendo tu príncipe azul en esta historia, Hyukjae, seguiré robándote suspiros y sonrisas. Seguiré siendo el ladrón de tu corazón y de tu felicidad. No pensaré en ningún final, porque soy un soñador y siempre persigo lo imposible. Persigo un sueño, persigo hacerlo realidad. Junto a ti.
Te amo, mi Lee Hyukjae.
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